Por que no funcionan tus límites

Por qué no funcionan las normas que le pones a tu hijo

¿Se las salta en cuanto puede y además deja de hablarte?

 

Una reflexión sobre lo que debes tener en cuenta para educar bien a tu hijo

 

Por qué no funcionan los castigos que impones. ¿Te gustaría saberlo?

Te invito a hacer esta pequeña reflexión:

♦ ¿Crees que manejas bien tus sentimientos cuando haces ver a tu hijo sus errores?.

♦ ¿O te dejas llevar por el enfado y te descontrolas?.

♦ Si se trata de un adolescente, ¿escuchas sus razones cuando se salta las normas?.

El País digital publicó un artículo muy interesante. Se titula El Difícil Diálogo entre padres e Hijos

«Escuchar es la clave para ayudar a crecer y para la salud de las relaciones paternofiliales. 

Algunos conflictos y rupturas surgen cuando ambas partes creen que tienen razón y no sueltan su idea.

Esta actitud aporta seguridad, pero también alimenta el conflicto cuando…….nuestro hijo opina algo distinto de nosotros.

Debatir provoca en algunas personas un temor a……… mostrarse vulnerables. Sienten que si ceden les han vencido.

Pero si no hay diálogo, la ruptura está casi asegurada»

Te dejo el enlace por si te apetece leerlo.

Además del diálogo hay otros aspectos que debes tener en cuenta.

Si aprendes a aplicarlos establecerás límites y pondrás castigos sin que sufra vuestra relación.

por qué no funcionan los castigos que impones

Tu hijo aceptará los castigos si entiende las razones que te llevan a imponerlo

  1. Conocer el estilo educativo que mejor funciona.
  2. Controlar las emociones.
  3. Comunicarte adecuadamente con tu hijo.
  4. Poner castigos justos y objetivos.
  5. Aceptar a tu hijo  como es, con sus fortalezas y debilidades…

Todos los niños necesitan tener normas para saber lo que se espera de ellos, para aprender a vivir en sociedad.

Los límites son necesarios en todas las edades.

Los niños que presentan problemas de aprendizaje tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas de conducta:

  • Las continuas frustraciones debidas al fracaso escolar.
  • La posible falta de habilidades sociales.
  • El desconocimiento de padres y profesores que exigen más de lo que puede dar.
  • La dificultad en las relaciones con sus padres, que en ocasiones presentan los mismos trastornos….

Pero todos necesitan saber hasta dónde pueden llegar, tengan dificultades para aprender o no.

El Estilo Educativo es una de las variables más importantes.

Se refiere a la forma de actuar con el niño. Al modo de resolver conflictos.

Todos los padres tenemos un estilo educativo determinado y lo empleamos sin darnos cuenta de ello.

Existen tres estilos educativos diferentes. Algunos perjudican el desarrollo del niño.

Es importante que los conozcas. Con este vídeo, que puede parecer un poco infantil, creo que lo verás claro.

En clave de humor, Lizette Reboulen lo explica muy bien.

¿Cuál crees que es el tuyo?. Es importante que intentes identificarlo.

Otra variable importante es:

Mantener el control de nuestras emociones

¿Quieres saber por qué no funcionan tus castigos?. Haz esta reflexión:

¿Crees que no te dejas llevar por tus emociones y sentimientos cuando se salta las normas?.

¿O te desbordan hasta el punto de crear una mala relación entre los dos?.

Recuerda que eres su modelo. Si sabes manejar tus sentimientos, aprenderá a hacerlo también.

Pero no es tan sencillo, ¿verdad?.

Para controlar los sentimientos es necesario tener inteligencia emocional:

Según Goleman se trata de ser capaz:

  • De identificar lo que sentimos.
  • Expresarlo controlando nuestros sentimientos e impulsos.
  • Manejar la tensión y la ansiedad que la situación nos produce.

¿Por qué no funcionan tus intentos de que se porte mejor?. Vamos a verlo con un ejemplo:

Piensa en la siguiente situación

Imagina que tu hijo adolescente te pide permiso para ir a dormir a casa de un amigo.

Te cuenta el plan. Pedirán unas pizzas para cenar y luego jugarán a la play.

A la mañana siguiente te enteras de que te ha engañado:

¡Se ha ido de fiesta con su amigo!.

¿Cómo te sientes?: 

  • ¿Engañado?.
  • ¿Decepcionado?.
  • ¿Furioso?.

¿Cómo actúas?:

Tu modo de actuar depende de cómo controles las emociones.

  • Quizás al estar furioso le digas cosas tremendas.
  • Tal vez decidas castigarlo un mes sin salir.
  • Y además no le dejes ir el siguiente fin de semana a la fiesta de su amiga.

Reflexionemos:

¿Por qué no funcionan los castigos que impones a tu hijo?

¿Ha merecido la pena actuar así?

  • Tu ira, ¿tiene que ver con esta situación o con otras que no tienen que ver con tu hijo?.
  • ¿Tal vez tengas la tendencia de querer tener siempre razón?.
  • ¿Has escuchado sus razones?
  • ¿O te te has dejado llevar por el sentimiento de «soy la madre o el padre y me tiene que obedecer»?
  • ¿Realmente es tan grave lo que ha hecho?.
  • ¿El castigo que le has puesto le ayudará a mejorar?.
  • ¿Tendrás una mejor relación con él?.
  • ¿Conseguirás que confíe en tí?.
  • ¿Has sido un buen modelo?.

Acostumbrarte a reflexionar después de una discusión de este estilo,  te ayudará a darte cuenta de lo que has sentido.

Quizás:

  • No entiendo por qué me miente.
  • Me gustaría que tuviera más confianza conmigo.

O tal vez:

  • Siempre quiere salirse con la suya.
  • ¡Se salta las normas como siempre!.
  • ¡Pasa de lo que le digo!.

Al identificar los pensamientos puedes pensar racionalmente. Plantearte preguntas como las que siguen:

  • ¿Realmente es cierto lo que digo?.
  • ¿De verdad es lo que hace habitualmente el niño?.
  • ¿El castigo que le he puesto se ajusta a la falta cometida?.
  • ¿Me ayuda a comprender mejor a mi hijo?.
  • ¿Conseguiré que la próxima vez lo haga bien?.
  • ¿Responde mi actuación a los valores que le deseo transmitir?.

Reflexionar te ayudará a poner castigos en sintonía con los valores que deseas inculcarle, aunque sigas enfadado.

Y darte cuenta de por qué no funcionan las estrategias que has utilizado hasta ahora.

Si lo haces teniendo en cuenta todo esto, verás que tu hijo acepta los castigos aunque no le gusten.

Los aceptará porque se dará cuenta de que son justos.

Porque le has escuchado.

Porque le has dicho todo lo que tienes que decir sin descontrolarte.

Y vuestra relación no ha sufrido.

Y conseguirás  no volver a preguntarte por qué no funcionan las sanciones que le impones.

Educar a los hijos nunca es fácil. Como tampoco lo es controlar el estrés que pueden producirnos.

Próximamente te hablaré de estrategias para controlar el estrés.

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