La forma en la que gestionamos nuestras emociones influye en todas las áreas de nuestra vida:
- En la relación que establecemos con nuestros hijos.
- Cómo los educamos y les transmitimos valores.
- La forma en la que vivimos la vida
Nuestra forma de educar depende de varios factores:
La educación que recibimos de nuestros padres:
Sus creencias, el modo de relacionarse con nosotros, las palabras que nos decían…. han influido en nuestra forma de ser.De nuestras emociones:
Si somos optimistas, positivos, con seguridad tendremos más paciencia con los hijos. En consecuencia, nuestra relación con ellos será más fácil. Cuando somos negativos, pesimistas, les mostramos la parte más difícil de la vida y nos olvidamos de mostrarles que los retos pueden ser oportunidades.Nuestra gestión de las emociones:
Enfados, tristezas, frustraciones … que sepamos regularlas o no, tiene un impacto enorme en los hijos pues actuamos y nos dirigimos a ellos influidos por las emociones.El secreto para educar bien.
Educar bien implica que los hijos desarrollen inteligencia emocional, es decir, que adquieran capacidades para hacer frente a los retos de la vida:- Estrés.
- Ansiedad.
- Depresión.
- Situaciones difíciles….
La inteligencia emocional se aprende en la familia.
Para que puedan aprender es necesario que los padres también las tengan. Nuestros hijos aprenden de nosotros. Somos el espejo donde se miran. Si somos personas tristes, posiblemente lo serán también. Los padres optimistas, enseñan a ver el lado bueno de las cosas, teniendo en cuenta lo malo. Si cuando nos enfadamos les gritamos o somos agresivos, van a aprender a resolver los conflictos de la misma forma. Todas las personas tenemos la capacidad de aprender a regular las emociones. Marián Rojas Estepé, (psiquiatra) nos dice: «Se puede aprender a ser feliz». Qué debes hacer para educar bien. 1º Reflexionar sobre tu forma de ser: – ¿Tienes poca paciencia con tu hijo y enseguida te enfadas?. – Cuando te enfadas ¿qué haces?: -¿Gritas y pierdes los nervios?. -¿Dices cosas hirientes de las que te arrepientes más tarde?. -¿Empleas el castigo físico cuando se porta mal?. -¿Tienes estrés y saltas por cualquier cosa?. -¿Sueles ver antes el lado malo de las cosas antes que el bueno?. -¿Eres feliz?. Esta reflexión te ayudará a darte cuenta de las cosas que debes cambiar. 2º Reconocer tus emociones: Darte cuenta de lo que sientes, del por qué de tu forma de actuar, es la única forma de cambiar. Si reconoces que pierdes los nervios cuando te enfadas, no regañes a tu hijo inmediatamente: Espera unos segundos. Respira tranquilamente. De este modo te enfriarás un poco y podrás regañarle en su justa medida. Piensa si lo que ha hecho es tan grave como te ha parecido de entrada. En caso de reconocer que te centras más en lo negativo que en lo positivo, reflexiona sobre los mensajes que le transmites. ¿Le anticipas el fracaso en lugar del éxito?. 3º Poner en práctica las estrategias que te indico a continuación: Hoy veremos:Cómo aprender a regular la ira.
Qué hacer cuando los enfados se nos desmadran.
La familia de la ira incluye: Rabia. Enfado. Rencor. Odio. Furia. Indignación. Exasperación. Tensión. Irritabilidad. Violencia. Celos. Impotencia. Envidia. (Bisquerra, 2011. Pag.105) Bisquerra, (2011) nos dice que la ira puede desencadenarse cuando: – Las cosas no suceden como queremos. – Cuando pensamos que nos están tratando de manera injusta. Se trata de una de las emociones más frecuente. Podemos aprender a regularla. Si eres una persona impulsiva, posiblemente te resultará difícil controlar los enfados. Puedes decir cosas hirientes, mostrarte agresivo incluso. Si este es tu caso, puedes hacer varias cosas:- No actúes inmediatamente. Aléjate de la situación o de la persona que te ha enfadado. De este modo tu emoción irá perdiendo fuerza. Podrás ver la situación con más objetividad.
- Intenta relajarte. Respirar tranquilamente te ayudará. Cuando estés más tranquilo podrás decir lo que sientes.
- Meditar te ayudará. Poco a poco irás reconociendo tus emociones.
- Aprender a ser asertivo. La asertividad implica ser capaz de expresar las opiniones, ideas y sentimientos sin que nuestras palabras hagan daño. Las personas poco asertivas no se atreven a decir lo que piensan.

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